¿Cómo se organizan los almacenes que trabajan con productos frágiles? ¿Qué hacen para evitar que la mercancía se dañe y se pierda inventario? Los productos frágiles requieren condiciones de almacenamiento mucho más exigentes que la mayoría de referencias, ya que son más sensibles a golpes, presión, vibraciones o cambios de temperatura.
Hablamos de vidrio, cerámica, electrónica, productos de cosmética… Son ejemplos de materiales que exigen un extra de cuidado, así como adaptar espacios y procesos para evitar daños.
En este post te explicamos las claves para proteger correctamente los productos frágiles y conseguir que pasen por el almacén sin percances.
Qué consideramos productos frágiles y qué riesgos conllevan
Mercancía dañada, reclamaciones, ajustes de inventario, tiempos perdidos, pérdidas económicas. Todo ello tiene un impacto directo en la productividad y en la imagen de la empresa.
Para evitarlo, es fundamental planificar una estrategia específica. Desde el diseño del layout hasta los sistemas de manipulación o el uso de un SGA que permita una trazabilidad real y una ubicación segura.
En logística, un producto frágil no se define solo por su material, sino por cómo responde a la manipulación dentro del almacén.
Puede tratarse de artículos con acabados sensibles, envases que no admiten presión o componentes que pierden valor si sufren un impacto, como sensores electrónicos o instrumentación de precisión.
En estos casos, el riesgo no solo es una rotura visible. Un golpe leve puede desajustar un mecanismo, agrietar una superficie o comprometer la estanqueidad de un envase, con lo cual el producto se echa a perder. Y lo peor es que muchas veces el daño no se detecta hasta que el producto ya está en manos del cliente.
Y no solo pienses en que la mercancía se pueda llevar un golpe. Aparte del impacto directo, hay que tener en cuenta otros factores críticos: vibraciones en estanterías metálicas, humedad acumulada en zonas mal ventiladas o una mala distribución del peso en el apilamiento, son factores que también pueden causar problemas.
Estos riesgos son habituales cuando no se han identificado bien las necesidades específicas de este tipo de mercancía. Veamos cómo solucionarlo.
Claves para diseñar un almacén seguro para productos frágiles
Adaptar el espacio físico del almacén es fundamental para reducir el riesgo de daños.
Pero no pienses que basta con poner por todas partes avisos de advertencia. Lo que hay que hacer comienza en el diseño del layout: hay que crear el espacio de forma que se minimicen los movimientos innecesarios, garantizando la estabilidad y diseñando la manipulación adecuada para cada producto.
¿Por dónde se empieza?
1. Zonas de almacenamiento específicas y segregadas
Los productos frágiles no deben compartir ubicación con mercancías estándar. Necesitan zonas delimitadas, de baja densidad de tráfico, alejadas de pasillos principales o de áreas de carga.
Esto reduce el riesgo de golpes accidentales o caídas por tránsito excesivo. Además, facilita que el personal identifique estas zonas como de manipulación especial.
2. Estanterías adecuadas: materiales, separación, amortiguación
Las estanterías deben permitir una carga estable, evitar vibraciones y proteger la mercancía de las deformaciones.
En muchos casos conviene usar bandejas con superficies antideslizantes, separadores acolchados o topes laterales. El objetivo no es solo que el producto “quepa”, sino que quede fijado y no se desplace con el movimiento o la manipulación.
3. Protección de la mercancía: embalajes internos, refuerzos, etiquetas
Incluso dentro del almacén, un buen embalaje es fundamental: espumas interiores, refuerzos de cartón, separadores flexibles o cantoneras, en función del tipo de producto.
Además, el etiquetado debe ser visible, claro y específico: advertencias, orientación correcta o símbolos de manipulación especial deben estar presentes en cada unidad y en cada bulto.
4. Señalización clara y diferenciada: riesgo de rotura, manipulación especial
Toda la zona donde se almacenen productos frágiles debe también estar señalizada de forma visible. Carteles, suelo marcado o códigos de color ayudan a mantener la atención del personal.
La señalización no sustituye a los procedimientos, pero crea un entorno donde el riesgo se tiene más en cuenta y, por tanto, se reduce la probabilidad de error.
Transformar la fragilidad en eficiencia: un reto logístico que sí se puede resolver
Almacenar productos delicados no tiene por qué ser una fuente constante de incidencias. Con el enfoque adecuado, puede convertirse en una ventaja competitiva: menos roturas, mayor confianza del cliente, más control operativo.
Pero para lograrlo, hace falta más que buenos embalajes. Se necesita una visión integral del proceso y una implementación ordenada de soluciones adaptadas a tu realidad.
En SCM Logística te ayudamos a revisar el diseño de tu almacén, definir las zonas sensibles, formar a tu equipo y automatizar la gestión con un SGA como TWO. Todo ello, con un enfoque progresivo, realista y a medida.
¿Quieres empezar a reducir riesgos desde el almacén? Contáctanos y te contamos cómo.